Alegría, Alegría, Alegría…Alegría, Alegría y Placer: Un Relato Sobre Poblado y El Concertazo. Pt1

Un relato sobre Poblado y El Concertazo de Alegría Rampante en Bellas Artes de Santurce, Puerto Rico. (Parte I)

Eduardo Alegría. Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

INTRO


Últimamente, hay este sentimiento inescapable que los artistas boricuas se levantan de la hibernación performativa con más hambre que nunca. El público por igual comparte este apetito voraz por escuchar música en vivo de nuevo. Por consecuencia, se ha visto más apoyo durante este resurgimiento donde se ha disipado un poco el corillaje y el panismo pre-pandémico (espero no estar equivocado). Todo quien le tenga aprecio a la crema que tiene para ofrecer la música boricua independiente se ha tratado a un banquetón de conciertos espectaculares en los últimos meses.


Demasiados para enumerar honestamente, así que me enfocaré en reseñar el más estrambótico, glamuroso y fantabuloso de todos: El Concertazo de Alegría Rampante. ‘El Concertazo’ se llevó a cabo el 6 de mayo de 2022 en el Centro de Bellas Artes en Santurce, con motivo de celebrar la esperada llegada de Poblado, la segunda producción discográfica de la banda. Por ende, este texto intentará servir de entrevista a fondo al igual que una reseña híbrida, tanto para el álbum como para el show.


Alegría Rampante. Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

La última vez que vi a Eduardo Alegría en tarima, no lo vi completo ni con el resto de sus alegres rampantes. Fue en haciendo dueto con Mima durante un concierto de Los Olmos en 2019, donde sus cabezas fueron servidas como cena en una mesa mientras se cantaban el uno al otro. Cuando tu última vez en tarima es haciendo algo así, el regreso tiene que ser el triple de mágico y surreal tras estos dos años y medio de soledad.


Para ‘El Concertazo’ el plan original era llegar para el ensayo de vestuario final, hablar con Eduardo tempranito para dejarlo que entre sin disturbios a su zona performática y quedarme merodeando backstage micro entrevistando al resto de la banda y la amplia lista de invitados. Esto no fue lo que pasó. Se dieron atrasos imprevistos y estaríamos prosiguiendo de otra manera. Estamos en Puerto Rico…¿o acaso Macondo?... al fin…


Entrevisté a Eduardo por primera vez en 2017 cuando cubrí el concierto de Alegría Rampante junto a Campo-Formio en La Respuesta. Hago referencia a este concierto ya que algunas de las canciones de Poblado se estaban estrenando durante esa presentación y otras incluso desde antes cuando la banda tocó en el Teatro Tapia en 2016. También fue la primera vez que Eduardo colaboró con su sobrino Uziel Orlandi para vestuarios y crear un lenguaje visual para la banda.


Uziel Orlandi. Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

Fotografías que Uziel tomó de Eduardo, la banda y todo el poblado de colaboradores adornan el libreto del disco y traen a la vida este universo surreal en blanco y negro pseudo-Federico Fellini donde la música se desarrolla. También estuvo encargado del diseño de la portada.


BACKSTAGE


Cuando entré al camerino, Eduardo se encontraba poniéndose una de las batas que lo transportaría a ese universo en la próxima hora y pico. No se acordaba de por qué se estaba quitando la t-shirt negra que tenía puesta si necesitaba tenerla debajo de cada vestuario durante los tres actos del show. Imposible que el Concertazo fuese a tener menos de un acto y menos de un vestuario. Eduardo me saludó, me abrazó y me dijo que no me recordaba tan alto. Quería que comenzaramos hablando sobre Bellas Artes. El vínculo de Eduardo con el Centro de Bellas Artes en Santurce viene fortaleciéndose por muchas décadas ya que es sobrino de Don Ricardo Alegría, legendario gestor cultural y una de las figuras claves en la fundación del centro.


En los '80s subió a su escenario por primera vez como bailarín para el Taller Otra Cosa, cuando todavía no tenía interés de crear dentro de la música y se recostaba de sus ídolos de infancia Donna Summer y Boy George. Culture Club, en particular, le reveló a Eduardo Alegría lo que quería hacer cuando fuese grande.


“Este concierto se siente como mi regreso al teatro. Tiene muchos beats teatrales. Se siente un poco como Pee Wee’s Playhouse. Hay muchos invitados, it’s goofy as fuck, ridiculous, and campy. Estuve 15 años bellos y preciosos en Superaquello donde pude explorar mucho mucho mucho. Pero habían cosas que se me quedaban cortas con Superaquello, entonces Alegría Rampante ha sido darle rienda suelta a mi imaginación en términos de qué yo puedo hacer como performer. He podido aplicar todo el asunto del teatro y la danza y todo ese entrenamiento y ese pasado lo puedo aplicar más a gusto. Superaquello era algo más rígido y electrónico. Había muchas pistas, muchos cerebros, muchos líderes. Ahora estoy “cutting loose” y especialmente ahora con Poblado. ¡Esto es Alegría Rampante algarete!”



Aunque no es un concepto exclusivo a Poblado, Eduardo siente que el disco refleja una nueva manera en que los artistas locales trabajan en una escena post pandémica. Hay un llamado a featurings y colaboraciones, pero desde un ángulo más inmersivo y profundo donde se trabaja cercanamente en el proceso composicional. Los poblantes del disco terminan volviéndose miembros adicionales de la banda y completamente cambian el rumbo de las maquetas originales en muchas canciones.


De alguna manera cuando el disco se convierte en este concepto de poblado, comunión, compañerismo, ayuda, trabajo colectivo…de momento, empieza a desarrollarse una narrativa nueva que no estaba contemplando en la mera participación de todas las personas que están en el disco.. Se Nos Fue La Mano es como un “Ohmaiga, todo se va a la mierda. Vino un tsunami, un terremoto, la tierra tembló y un revolú.” El disco termina de manera bien “ominously”.


Entonces Poblado comienza con “Jirafa”, que aunque no suena como Se Nos Fue La Mano, tiene ese espíritu de todo se jodió. Los recursos del mundo, todo se está desgastando, la resistencia, ¿qué va a pasar?...y cuando se acaba “Jirafa” entramos a todo este nuevo mundo lleno de gente y es un paseo por este espacio medio utópico de familias alternativas y amigos. Hay una metáfora bien importante de nuestros tiempos. Se Nos Fue La Mano es la hecatombe y Poblado es como un comienzo nuevo.”



No encontré que esto fuese casualidad ya que ambos discos tienen doce canciones y, aunque se pueden disfrutar individualmente, fluyen y transicionan como capítulo uno y capítulo dos del mismo libro. Eduardo reconoce abierta y jocosamente que tarda demasiado en grabar y lanzar música nueva. De la misma forma que mucho de Poblado se escuchó en tarima previo a que saliera el disco, el Concertazo en Bellas Artes inevitablemente contaría con bastantes adelantos del futuro de Alegría Rampante.


Hablamos un rato más sobre nuestros temas favoritos del álbum y las influencias vastas y amplias que adornan todo el espectro sonoro de Poblado. Ahí llegó el decreto sagrado de que Eduardo necesitaba pasar por maquillaje y finalizar la metamorfosis. Eduardo me dijo que cualquier cosa nos veiamos después en El Local, donde inevitablemente se iba a conglomerar una especie de after party.


Me estaban escoltando de vuelta al lobby donde tendría que esperar hasta que me llevaran a mi asiento. Al lado del camerino de Eduardo veo marcado un rótulo para el camerino del resto de Alegría Rampante. Tengo que entrar y saludar, en especial a Christian Santiago Fuentes (TodosAnimales/Los Chacales Tiernos de Satanás) que haría su debut con el grupo como guitarrista tras reemplazar al gran Kristian Prieto (Piegrande/Harry Rag).


Alegría Rampante. Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

Fuera de ese cambio de deletreo, la banda que participó en Se Nos Fue La Mano aún permanece con Eduardo. En la guitarra, William Jorell Román (Doktor Zaius/Los Nervios). En el bajo, Juan Antonio Arroyo (Fantasmes/Woebe Guns). Y en la batería, Nitayno Arayoán (La Band Acústica Rodante). Le di a Christian un abrazo, le dije que estaba orgulloso de ver a un Chacal llegar a Bellas Artes. En el pasillo saludé a Fofé Abreu (Circo/Fofé y Los Fetiches) que fue de mis primeras entrevistas épicas y a José Ciénaga (aka Moreira) que unas semanas antes me tiró medio palo de batería durante un set candente de Las Abejas. De ahí me llevaron directo al lobby.


En el lobby pasé un rato hasta que me encontré con mi fotógrafo para la noche: el multi talentoso Carlos Dimas (guitarrista de Baba Gris). Hablamos sobre el poderoso concierto de Baba Gris en el Conservatorio de Música, lo polarizante de Motomami y Un Verano Sin Tí y cómo nos encontrábamos en medio de una versión exagerada y extravagante del mismo jangueo de siempre. Y eso mismo es lo que uno siente hasta que la tarima cae oscura y comienza a aplaudir el poblado. Nada de lo que va pasar ahora es igual que siempre…



ACTO I (POBLADO)


Sube el telón y comienza Eduardo en el piano a dúo con Bayoán Ríos (iLe, Grupo Tepeu) en la guitarra acústica para “Vista Desde el Monte (Poblado 1)”, uno de los interludios melancólicos del disco. De ahí entra la banda entera para “Matorral” junto a Jorge “Bebo” Rivera (Fofé y Los Fetiches/Resonus) en el piano y teclado, sirviendo de arma secreta para el grupo a través de la mayoría del Concertazo. Eduardo se levanta y comanda el escenario, equipado con su machete y poncho.


“Matorral” empieza de manera tenebrosa con sonidos agresivos de jungla. Adquiere después una cualidad post punk. También se pudiese describir como un poco de rock and roll teátrico a la Meat Loaf con las voces del coro o quizás hasta un poco de Grease o Rocky Horror. Todo esto, claro, con una producción decididamente moderna. En algún momento previo a Poblado tuvo un arreglo que giraba casi en torno a lo country/western. Tanto el álbum, el Concertazo y Alegría Rampante en general tienen un sentir bastante atemporal, donde tropos del pasado, presente y futuro convergen.


José Ciénaga (Moreira). Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

“Camp Soldat” siguió a continuación, la primera apariencia de José Ciénaga. Esto es un vaporwave intoxicado. Incluye mucho groove, bajos hondos, guitarras mezclando fuzz agresivo con delays cristalinos durante los solos y samples regados entre voces susurradas. Todo esto creando un aura muy sensual y animalístico. (“Decídelo” de Moreira junto a Labajura es otro ejemplo fantástico). Janice Maisonet absolutamente se encargó de duplicar esa sensualidad animalística con su saxofón para “Un Soldado”. El tema se pudiese describir como un funk jazz alternativo. Acordes angulares en la guitarra, grooves y falsettos tipo Prince o Bee Gees de parte de Eduardo y las coristas (Marili Pizarro y Génesis Ramírez). Cuenta con percusión energética (suplementada por bongos en el disco) y, de nuevo, hay que mencionar ese saxofón con delay que Janice tocó sobre una plataforma iluminada.


La segunda apariencia de José Ivan Moreira vino como sorpresa y como circunstancia de emergencia, ya que Xavier Rodriguez (aka Chango Menas) se encontraba en Miami sin poder asistir al Concertazo y poblar su canción junto a Eduardo, “Por Ahora Camino Solo”. Originalmente compuesta como “A Monti” previo al aporte de Chango, es una dedicatoria a una dulce mascota fallecida de Eduardo. Él la cantó con una pintura grande de Monti cuando lo entrevisté en La Respuesta hace cinco años. En su mayoría, es un tema suave y relajado con momentos donde la banda enfatiza pesadera y toques de las baladas setentosas psicodélicas a la Led Zeppelin o David Bowie.


Janice Maisonet (Saxo). Nitayno Arayoán (Drums). Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

Mucho de lo que se vio en el Concertazo le debe grandemente a esa época legendaria de Ziggy Stardust & The Spiders From Mars, donde no se separaba el rock del teatro. El público aplaude los momentos más estrambóticos del show. Cuando la banda enfatiza acordes pesados. Cuando Eduardo lleva su voz a inflecciones más agresivas y las guitarras se acercan al borde de puro ruido ¡SALSOUL ROCK ‘N ROLL DONDE TODO ES REGGEATÓN!


Entre el mejunje de canciones que estarían estrenando y canciones que preceden la existencia de Alegría Rampante, aparece “Sajorí”, que cualquier super fan de Superaquello reconocerá como una reversión reinterpretada originalmente del álbum Superaquello interpreta Latarde del 2009. Trece años después en Poblado, sirve como dueto con la acorazonada Andrea Cruz. Aunque tristemente se encontraba malita de salud para el Concertazo del 7 de mayo, pasó este fin de mes de gira en España por primera vez junto a Somos Grandes. La reversión de Poblado saca al tema del estilo “ambient atmosférico” del original hacia un indie rock más fresco. Su instrumental fácilmente pudo haber encajado como uno de Circo (piensa quizás en “La Apuesta al Corazón”) o en los discos ochentosos de The Cure, en particular las guitarras al final.


Eduardo de pronto es acompañado por Macha Colón de Los Okapi y empiezan una conversación existencial sobre cómo la gente erróneamente piensa que los animales no tienen alma ni espíritu. Lo hacían a capella sin micrófono y muchos en el público se pasaron vacilando que no se escuchaba lo que decían. Eduardo y Macha por igual le devolvieron burlas jocosas a la audiencia. De ahí irrumpe “Todo En Su Sitio” y Macha se aviva con su peluca de como tres pies de altura (hagan la conversión, europeos) y meneando el culo al ritmo de la canción más rockera en la carrera de Eduardo Alegría. Esta es una de mis favoritas personales del disco ya que me remitió inmediatamente a una vibra tipo Charly García en la era de Piano Bar. 100% puro rocanrol callejero, sin escrúpulos.


Macha Colon (Derecha). Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

Eduardo describe “Todo En Su Sitio” como una rola atípicamente positiva en comparación a otras canciones de Alegría Rampante. Se inspiró en The B-52’s para su dúo explosivo con Macha (aka Gisela Rosario Ramos), quien sintió que encajaba perfectamente con su temática de “jayaera y estar cómodo con uno mismo”. Macha y Eduardo llevan colaborando desde hace décadas, evidenciado tanto en Emergencia: un documental de Superaquello y recientemente en la excelente drama/comedia Perfume de Gardenias.


Entre medio de esta canción y la próxima, Dimas me encuentra en el segundo piso como paloma sobre tendido eléctrico. Me enseña las hermosas fotos y videos que ha tomado y me cuenta que hay uno que otro asiento desocupado en la planta baja. Sin pensarlo dos veces, me le fui detrás descaradamente y lo seguí hasta terminar arrinconado justo al lado de una bocina tapada por el telón. Mejor asiento no iba a conseguir.


“Jirafa” introduce a Fofé Abreu con su traje espectacular y máscara de mandíbula esquelética. Todos en la tarima rompen a bailar. Tiene una vibra clásica new wave, con sus toques de funk y unas guitarras tipo The Edge de U2. Eduardo entra comandando con la voz de inmediato y sus armonías con Fofé son ultra melódicas. La canción en su mayoría incita el meneo de pelo y hombros. Fácilmente puedo visualizar a un corillo de chamacos ochentosos bailándola, bien como una película de John Hughes. Este tema fue el segundo sencillo lanzado de Poblado en 2019 pero, al igual que “Un Soldado”, se lleva gestionando desde 2012 antes de haberse grabado Se Nos Fue La Mano. Ambos han retenido la esencia rompe discotecas de sus arreglos originales que ya hemos disfrutado en otros conciertos rampantes como los Jolgorio Flash Deluxe que Fofé y Eduardo montaban en las navidades.


Fofé Abreu. Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

A la inversa, con “La Ruta Larga”, tenemos otro ejemplo de cómo los colaboradores cambian fundamentalmente los caminos por los que anda el grupo. Junto a la inigualable Mima y Andrés “Patillaz” Ferreras (Sr. Langosta/Piquete), fue un tema incorporado a último minuto a la secuencia del disco. El arreglo inicial, solo tocado durante el 2017, se reclinaba más del rock alternativo. El nuevo arreglo fue inspirado por la trova y por Silvio Rodriguez con la guitarra acústica de Patillaz.


Mientras que las voces de Mima alcanzan las profundidades más abismalmente reverberadas y góticas, similar a lo que escucharías de This Mortal Coil. Me recordó mucho a la colaboración que se dio en el concierto de Los Olmos, en particular como la instrumentación de ambos temas no distraen al oyente del diálogo que tienen los cantantes. La canción presenta a Mima como un espectro que visita a Eduardo y le implora que regrese a sus raíces.


Mima. Foto: Carlos Dimas (@dimas.410)

Durante el Concertazo, Mima aparece en tarima escoltada como la fuente sabia y conocedora de los secretos del universo, repleta con un bastón alto y sombrero ancho a la Don Quijote. Una absoluta visión… manifestación de energía extraterrestre. Eduardo anda con una maleta llena de equipaje, paseándose por el escenario mientras canta y termina la canción solo en el piano. Continuando esa onda paranormal, “Ciudad Fantasma” sigue como el próximo tema de la noche con su synth pop etéreo y cinemático. Otro de los sencillos que sirvió de antesala a Poblado, hay casi una dicotomía entre la vibra embrujada en los versos de Eduardo y el pariseo urbano que proveen Los Walters. Y es aquí que concluye solo el primer acto de la noche.


FIN DE PARTE I